lunes, 14 de febrero de 2011

La Encrucijada




Es curioso cómo uso este blog. Generalmente escribo no ya cuando tengo tiempo (de eso últimamente no me puedo quejar) sino cuando necesito poner "blanco sobre negro" mis pensamientos para ver si así logro objetivizar lo suficiente, salir de mi cabeza y mirar como un observador.


Y heme aquí, contándoos que me encuentro en una encrucijada. Cuando parecía que tenía claro por dónde tirar en este viaje que es la vida, vuelvo a pararme, no sé si para tomar carrerilla o simplemente para plantearme un giro, o un cambio de ritmo. Pero así me siento. Y la verdad es que tras unos dias de prisa y estrés, ahora, sin haber completado la toma de decisión, estoy tranquilo. Así llevo unos días.

Puede parecer incongruente con la vida que últimamente he llevado y que conocéis. Y parecería casi ofensivo lo que voy a decir, a menos que me comprendais, como entiendo que lo hacéis. Creo que verdaderamente es en esta última semana cuando he tomado (y estoy en ello) unas vacaciones.

Sé que suena extraño, pero así siento esta última semana, que es cuando al menos mi mente ha dejado de dar vueltas y de "correr" (como comentaba en otro blog) Al menos digamos que voy "al paso" y que mi cabeza sigue funcionando pero al ralentí.

La encrucijada de la que hablo podría haber sido incluso más complicada. Sin embargo, al hablaros ahora (y no hace unas semanas) se ha simplificado. Siguiendo la viñeta que ilustra esta publicación, digamos que ya ha pasado el momento del "vuelve", y el del "cambia" sería una opción tangencial, no un cambio radical. Al menos ya he capeado el temporal (de dudas) que me hacía ver el camino del "continua" con nubarrones descorazonadores. Los nubarrones sigue ahí, pero ya no están en mi ánimo, y eso es lo importante.


"Decídete y serás libre" (Henry W. Longfellow), es una de mis citas preferidas. A pesar de haber tomado una primera decisión, la de seguir por la vía del "continúa", el camino no es todo recto y señalado con mojones claros que te guíen en las curvas y cruces.

Tengo que decidirme entre al menos 3 posibles caminos (si bien todos llevan al mismo fin, mi futuro como piloto profesional de helicópteros) y, paradójicamente, no me siento estresado y con prisa por tomar la decisión. En otras situaciones parecidas y padecidas anteriormente, a lo largo de mi vida, hasta que no tomaba la decisión no me quedaba tranquilo. Supongo que eso os pasa a todos. Sin embargo me siento como Gandalf ante la encrucijada en Moria, sentado en una peña hasta encontrar un recuerdo o un sentimiento que le diga cuál es el camino a tomar, mientras muchos esperan tu decisión, sin prisa (mala consejera) pero sin pausa. La Comunidad ya había tomado la decisión de intentar la vía de Moria y perserverar en su misión del anillo, por lo que el "continua" ya se había decidido. Pero al encontrarse con los tres caminos, Gandalf no sabe por dónde seguir. Finalmente tomó la decisión "por el olfato". No es otra cosa que una metáfora respecto al instinto, los sentimientos. De eso hablaré más tarde.

Como en casi todas las tomas de decisiones hay alternativas ante mí ahora de lo más variopintas y que van desde la comodona (relativamente, ninguna es un camino de rosas) y más cara y seguramente larga, a la más aventurera y "barata" (aunque al implicar vivir en el extranjero llegará a ser más costosa) pero posiblemente más rápida, y a la vez menos segura (por cuestiones de tipo burocrático que no viene al caso explicar. Ya lo haré en otra ocasión si se tercia). Y así, las opciones también implican desde vivir en mi pais a tener que tramitar una visa y cruzar el Atántico.

También hay una intermedia, que implica una mudanza dentro de la UE, y que sería inlcuso más costosa que la vía "comoda y larga" de quedarme en España.

Cada una tiene sus pros y sus contras que no se reducen al coste económico... seguir viviendo fuera de España y conocer otros paises enriquece cultural y espiritualmente, mejora el inglés, y aporta un valor añadido a la experiencia de vuelo, y todo eso puede ser más valioso que el ahorrarse ahora unos euros y aferrarse a la comodidad -y me refiero no solo a la comodidad material y la implícita en evitarme el "estrés geógráfico" que ya empiezo a notar, sino también a la comodidad sentimental.

A día de hoy aún me faltan algunos datos para poder tomar la decisión. Datos que estoy recopilando y analizando. Estoy intentando racionalizar la toma de decisión al más puro estilo de mi persona que, sin duda, los invitados a este blog conocéis.

Sin embargo estoy casi seguro de que, una vez recopilado todo, al final la decisión será tomada con mi cerebro límbico, con los sentimientos. Algo parecido hice casi sin darme cuenta cuando empecé con esta aventura y me fuí a NZ. Digo casi porque aunque mi cortex (cerebro racional) justificó la decisión con el "matar dos pájaros de un tiro" y con el "amarrar el inglés, volar en otros parajes y de otra forma ha de pesar favorablemente en mi futuro curriculum de piloto" (y ojo, nada de eso es falso. Esas premisas siguen siendo ciertas y estoy seguro de que maracará una diferencia a mi favor respecto a otros nuevos pilotos en la competencia por un puesto), aunque eso no deja de ser obvio y verdadero, no es menos verdad que si me analizo, fueron mis ganas de viajar al otro lado del mundo y vivir una aventura las que realmente me llevaron a hacerlo así y no, por ejemplo, del modo más fácil de haberme quedado en la única escuela de vuelo que existe aquí (y económicamente era prácticamente igual si a la experiencia del extranjero le añadimos el coste de viajar y vivir fuera)

En esta paz (yo le llamaría mejor tregua) mental que ahora experimento (eso son las veraderas vacaciones) ha tenido mucho que ver el visionado de un par de charlas (con temáticas distintas pero que al final, si las analizas, tienen muchos puntos en común)

Ya las conocereis la mayoría, porque las he compartido por otros medios (correo electrónico) o bien porque alguno de los que me seguís en este blog fue precisamente quien me advirtió de una de ellas (gracias mi buen JL)

Son largas, os aconsejo que os déis días separados y al menos 2 horas tranquilas para cada una de ellas. Os aseguro que merecen la pena.


Ambas las podeis encontrar en internet :


Optimismo e Ilusión (de Emilio Duró)

http://www.youtube.com/watch?v=sJLlPnhlTlU&feature=related


Dinero y Conciencia (de Joan Melé)

http://www.eoi.es/mediateca/video.php?PHPSESSID=248be24797ccbc8c9b1e63b743d9bdcc&videoid=308


Sólo espero que si os revuelven los pensamientos, las encrucijadas que se formen en vuestras conexiones neuronales las solventéis del mejor modo que a cada uno le convenga y os deseo que os lleven a dar lo mejor de vosotros mismos y, por ende, a recibir de los demás y de la vida lo bueno que os mereceis.

martes, 19 de octubre de 2010

DIOS ME HABLA


¿DIOS?

Bueno, llamémoslo así.
Estoy convencido de que somos parte de un todo. Llámese naturaleza, Dios, universo, materia... y cuando morimos, a él volvemos.

Pero he elegido el título con la palabra DIOS no sólo para atraer vuestra atención, queridos lectores, sino porque una de las cosas que os voy a contar se acerca más a esa idea expresamente que a las otras.

El miércoles de la semana pasada estuve esperando para coger un helicóptero que me llevase a Stewart Island. Ya la noche anterior le comenté a Lorena que no tenía ganas de coger el helicóptero... "una tontería, cuando tu estas haciendo eso todos los días", me dijo (Con razón, igual que mi mente racional y calculadora hacía y hasta "se reía" de esos infundados temores repentinos).

A la mañana siguiente, sin haber reservado nada, decidí que el destino" decidiese por mí". Fui en persona al sitio de helicópteros de Bluff para alquilar uno (con su piloto, claro) No había nadie... no tenían recepcionista y el sitio me pareció... no sé, ¿cutre? No es que estuviese viejo, o en mal estado, pero la localización era mortecina (esa villa tampoco ayuda, es de por sí fea), no vi la manga de viento encima del hangar... todo cerrado sólo con un cartel en el que había un par de nombres y teléfonos a los que llamar ("cuando están volando")

Esperé, sin muchas ganas. El día era sin viento, calmado, con un sol primaveral que apenas atravesaba las nubes... la visibilidad no era la mejor, y mi objetivo (la isla) no se veía a lo lejos. Tras más de media hora, me marché... la verdad es que un sentimiento me decía de no volar; desde la noche anterior, como os he comentado.

Al día siguiente (jueves) el piloto-jefe (cuyo nombre era uno de los que aparecía para contactar con él) desaparecía junto a un alumno sin dar señales de vida ni de alarma (No saltó el ELT parece ser. Siglas en inglés para Emergency Locator Transmitter; es un aparato que suele saltar y emitir una señal tipo boya electrónica para los equipos de salvamento, incluso con desaceleraciones bruscas, no hace falta impacto...) Tras 24 horas se encontró el helicóptero sumergido a 2km del puerto de Bluff y a sus ocupantes muertos.

No digo que el día antes, volando conmigo, hubiera pasado. Sólo remarco ese mal presentimiento que tuve todo el día y que me hizo "no insistir en volar". Como un buen amigo me dice, en la vida hay que hacer caso "del sexto, incluso séptimo sentido"

El mismo día que me enteraba de la desaparición del helicóptero (jueves, yo ya estaba en mi destino) y convencido de que por desgracia sus ocupantes iban a estar muertos, mientras paseaba por el lago, le pedí a un hombre (enjuto y alto, con gafillas y pinta de intelectual, bien vestido, unos 50 años bien conservados) que me hiciese una foto.

John (que es como se llamaba) hizo por mantener una conversación, con todo tipo de preguntas. Pensé... "¿será gay y le he gustado?" No quiero parecer ni paranoico ni creído pero es que estas situaciones ya me han pasado más veces.

"Buena ocasión para practicar inglés", pensé, además de que la conversación iba por derroteros de economía, historia.. de España... ¡sabía de nosotros!, etc...

Al final todo giró a... "¿tu que piensas cuando ves cosas como esta?" (el paisaje, como es usual en este país, era sobrecogedor, y especialmente en un día soleado) "¿Crees que esto es fruto de la casualidad?"... y se me ocurrió decir que sí, y básicamente continuar con aquello de que en este momento debe haber incluso algún mundo en el que una persona como él y otra como yo estuviesen manteniendo la misma conversación, aunque solo sea por las posibilidades infinitas que otorga un universo que por definición, hasta donde sabemos, es infinito. O como mínimo tan grande y lleno de cosas que no podemos ser la única forma de vida evolucionada...

De buenos modos, sí, pero acabó diciéndome que era un "sinner" (pecador) y me ofreció la salvación (que como no puede ser de otra manera, está en Jesús y en la Biblia. Lo siento por los musulmanes, están condenados, como los ateos, budistas, etc...)

Como "no" me gusta discutir, le rebatí básicamente diciendo que me considero una buena persona, y que si existe ese dios del que habla, que me va a condenar por no tener fe en él, o por no redimir pecados (intrascendentes) como la lujuria (sí, mirar con lujuria a mujeres incluso estando soltero era pecado (¡¡!!) para este buen hombre), pues le espeté que no quería ese dios, que se lo quedara, y que no es el dios del perdón que dijo Jesús (o si lo es, algo me he perdido...) Todo de buenas maneras, por supuesto. Me acabó dando un CD y un panfleto, que ahí tengo y que voy a escuchar con curiosidad. Según John, él es un cristiano que no hace más que "llevar a las buenas personas otra vez a Dios, y apartarlas de los pecadores" (Pecadores es una palabra que, creí intuir, incluía las mentalidades muy racionales y que se cuestionan todo, científicos incluidos, como la mía...)


Cuando estas cosas te pasan, sin embargo, y van seguidas, no dejas de darle vueltas a la cabeza. Y más si estás en el punto más lejano de tus seres queridos, viendo paisajes y naturaleza que quitan la respiración (y que te hacen sentir pequeño, muy pequeño, pero a la vez feliz y en paz, viviendo algo "pleno") Y si además, estas en un momento de tu vida en el que todo son cambios y no dejas de plantearte si estás optando por el cambio correcto o debes rectificar el rumbo, el cóctel para la mente puede ser mareante.

Quien diga que no tiene miedo a la muerte y que no le gustaría ser inmortal, miente. (Hablo obviamente de una inmortalidad placentera; es obvio que estar en un pleno y continuo sufrimiento no entra dentro de esta aseveración)

John me dijo: "Estás arriesgando mucho al no creer en Dios y Jesús su salvador. Con sólo creer, tienes la inmortalidad, y si no lo haces, estás condenado"

Mi respuesta fue racional, pero a la vez romántica.

Como dijo el poeta, "de mi cuerpo en descomposición sobre mi tumba crecerán flores. Eso es inmortalidad".


No sé si Dios me habla. Me conformo con que vosotros lo hagáis, opinéis. Y de paso, si alguno sabe qué poeta dijo esto, por favor, que me lo recuerde. No soy capaz de acordarme ni de encontrar la información.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

ANECDOTAS DE KIWILAND


Es interesante cómo a lo largo de la vida nos van pasando cosas y no nos damos cuenta de lo curiosas que son. O si lo hacemos, no nos percatamos todo lo que debiéramos. Sólo cuando nos ocurre algo verdaderamente excepcional nos paramos a pensarlo, y a contarlo.

Desde que llegué a Nueva Zelanda a mi me han sucedido varias, unas excepcionales, otras no tanto, pero lo más extraordinario creo que es precisamente el hecho de que lo hayan sido tan seguidas.

Me he parado a recordarlas, y en este foro quiero compartirlas con vosotros, si bien la mayoría ya las conocéis. Digamos que esto es un pequeño diario de esta experiencia vital.

Llegué aquí un 12 de enero, vía Los Angeles. Ya el vuelo desde EEUU tuvo su primer hecho destacable: lo operaba Quantas y mi plaza, con un "billete de familiar" de British Airways, no estaba asegurada. Menos mal que mi amigo Pepelu, además de mucha cachaza (no me había comentado nada hasta ese momento, cuando íbamos a hacer el chequing en LAX), no se para en "minucias" y con su encanto y persuasión personal (y un poco de cara) consiguió solucionarlo. En el salto posterior de Auckland a Christchurch tuve que arreglármelas yo solo (se presentaba un problemilla parecido), pero el principal obstáculo estaba ya pasado.

No me puedo quejar de la velocidad y solvencia con la que después solucioné los asuntos siguientes (casa donde alojarme, coche para moverme, hacerme a la Escuela de Vuelo, y tras un momento de decaimiento por el problema de entender este ingles "de Almería", sacar adelante y con nota los exámenes teóricos a la vez que mi cerebro no explotaba con tantos inputs y con la concentración añadida de tener que conducir por el otro lado)

Entonces sucedió el trágico terremoto de Chile en febrero, al que siguió una inmediata alerta de Tsunami en Nueva Zelanda. Vivir en la costa es genial, salvo cuando estas cosas pasan. Preparar una maleta de emergencia y estar atento a las noticias, con las playas evacuadas y las autoridades a punto de ordenar salir de las costas no es nada agradable, pero al final todo se quedó en una falsa alarma, una anécdota que contar.

A pesar de ese sustito, todo iba "según planeado". Así llegó el día 16 de marzo, en el que por primera vez cogía los mandos de un helicóptero. Y casi de seguido Lorena venía a visitarme a finales de ese mes; habíamos programado un fin de semana en Sydney, a donde yo iría a recogerla, y luego el resto del tiempo en Nueva Zelanda.


El día que yo volaba para Sydney (lo hacía un día antes para llegar allí por la tarde), en el aeropuerto neozelandés, tengo un problema con mi pasaporte: no advierto que la chica de Jetstar me lo retuerce más de la cuenta para pasarlo por su maquinita, y queda "suelto", "desencuadernado casi". Al llegar a pasar la aduana de salida, la seca oficial kiwi lo retuerce un poco más y...voilá, desencajado del todo. Resumiendo, que no me dejan salir, estamos a viernes y la embajada española está en otra ciudad (Wellington) y es el único sitio autorizado para hacerme uno de excepción. Noche de hotel (nada barato...) ya pagada en Sydney que se pierde, y lo que es peor, Lorena llegaba a las 8.00 am después de una paliza de viaje desde Europa y en esos momentos mis posibilidades de viajar para estar con ella eran "0".

Ahí tomé la decisión de manipular mi pasaporte. Me habían advertido de que eso estaba penado, era delito, etc... pero no tenía ganas de seguir siendo el chico que cumple casi siempre con lo que las autoridades dicen. Encontré a un kiwi que amablemente (y sin cobrar nada) me lo encuadernó con pegamento especial para libros. Quedó muy inestable (la superficie de contacto es extremadamente fina), se podía volver a deshacer en cualquier momento y tenía que pasar 4 aduanas y dos mostradores de compañías aéreas, con el agravante de que se notaría que lo había manipulado y poco menos que me tratarían como si fuese un terrorista. Ni que decir tiene que esa noche no pegué ojo. Salí en el primer vuelo de la mañana y pude llegar a reunirme con Lorena sólo una hora después de que ella llegase. El fin de semana fue magnífico pero yo tuve mi mente turbada todo el rato porque un escenario peor se podía dar: que mi pasaporte se desencuadernase justo antes de entrar en NZ otra vez, con lo que me quedaba en tierra de nadie... finalmente aguantó todos los retorcimientos (porque eso es lo que hacen con ellos) a los que le sometieron el personal de los aeropuertos.

La siguiente fecha señalable fue la del 10 de mayo, día en que volé solo (sin instructor). No me lo podía creer. ¡Mi sueño se estaba haciendo realidad!

Más relajado de exámenes teóricos, me fui a hacer turismo por la isla norte (aprovechando que tenía que ir de todos modos a Wellington para arreglar mi pasaporte). Ahí me suceden un par de contratiempos que creo que se solucionaron gracias a mi nueva visión de "influimos sobre nuestra realidad". Los hechos positivos aparecen cuando estamos positivos.

El primero fue un error grande por mi parte: no comprobé bien el billete a Wellington y en vez de sacarlo para las 8 am de un viernes, lo saqué para las 8 PM. Eso me impediría hacer el trámite en la embajada, que para colmo cerraba a la 1.30 pm. Me percaté de esto cuando iba en el autobus desde mi casa al aeropuerto. Y me relajé, me dije que seguro que de un modo u otro arreglaba lo del billete, o cogía otro vuelo (a pesar de que sabía que no era fácil: esto no es Madrid -Barcelona, no hay ese tipo de conexión aunque estemos hablando de ciudades parecidas para la escala kiwi)

Al llegar no solo pude salir en el siguiente vuelo (que me permitía llegar a la cita de la embajada) sino que al no funcionar mis tarjetas de crédito (lo que parecía un grave inconveniente) la chica de Air Newzealand (Laura) lo convirtió en un "ahorro". "Es tu día de suerte", me dijo, y me hizo el cambio de vuelo sin cargarme los 150 dólares de más que costaba.

¡Y tuvo razón! Cuando llegué a Wellington, en la embajada se les colgó el servidor que les conecta con España y me dijeron que no me podían tomar las huellas dactilares, etc... Les comenté que no me podía quedar más del domingo, que me volvía con billete cerrado. Finalmente, se quedaron más tiempo de la 1.30 pm, y el servidor se restableció. El trámite de mi pasaporte se solucionó.

Y aun hubo una más ese día de suerte. Había alquilado un coche para ir hasta el volcán Taranaki, a más de 4 horas de conducción de Wellington. Con todo lo pasado por el día, me entró sueño. Así que me paré en una zona de descanso (que estaba aislada y solitaria, eso es usual en un país como este, con escasa densidad de población). Al despertar de mi siesta, me percaté de que no arrancaba el coche, me olvidé de apagar las luces. Salí a la carretera y , aunque pasaban coches, me daba vergüenza parar un coche por algo que no es una verdadera avería. Estaba en esas, pero tranquilo, pensando que seguro que se soluciona, que solo tengo que pensar que esto no es importante, que la vida son otras cosas y esta te va proveiendo, cuando un cochecillo con un maorí y su compañero sonrosadete kiwi entran hacia la zona de descanso. No sólo tuve suerte de que el kiwi quisiese mear en ese momento, sino que la mujer del maorí, previsora donde las haya, le había puesto en la maleta unas pinzas de baterías (el coche lo habían ido a recoger, era comprado de segunda mano) Ni el maorí sabía que tenía las pinzas. Definitivamente, era mi día de suerte. Anécdotas curiosas, contratiempos que se solucionaron como por arte de magia.

Mis peripecias por Aotearoa ("tierra de gran nube", en maorí, nombre de Nueva Zelanda) no acaban ahí. Decidido a vivir el país y no solo a estar de turista, insistí a varios compañeros para que me llevasen a jugar al rugby. Por fin uno de ellos accedió, y el 7 de agosto tuve mi bautismo de fuego...¡y de qué manera! Sin apenas darme cuenta, al cuarto placaje recibido, tuve la mala suerte de romperme un hueso de la mano. Era la segunda vez en mi vida que me rompía un hueso (la primera fue la muñeca de mi mano derecha con 20 años jugando al baloncesto). ¡Como no! en esta ocasión también era la mano derecha la que se rompía, para hacer el día a día aun más difícil. No obstante, lo he llevado bien, he vuelto a recordar lo afortunado que somos los que tenemos todos nuestros miembros útiles, y además la mano se ha curado en un tiempo record (como si de un chaval se tratara)

Ya recuperado (lo suficiente para poder pilotar, aunque aun con dolores) mi sueño sigue adelante con un paso, mejor dicho salto, más. El 1 de septiembre hago mi primer vuelo completamente solo, desde la base, negociando bastante bien no únicamente el vuelo en sí, sino las comunicaciones en inglés con la Torre (inglés de "Almería", recordemos, y con la estática y el estrés de estar volando añadidos)

No tuve tantas anécdotas en mi anterior viaje a San Francisco, ni recuerdo una época en mi vida en la que tantos acontecimientos se me juntasen seguidos en un corto periodo de tiempo.

Y en esas estaba cuando la madrugada del 4 de septiembre la tierra tembló, y me desperté en medio de la noche zarandeado como si varios forzudos me mantearan. Y las paredes se movían como si fueran juncos. Y no era un sueño, no era esa pesadilla que había tenido, que yo recuerde, al menos en tres ocasiones anteriores (una de ellas justo tras la amenaza de maremoto de febrero, claro) No, no hubo una cuarta pesadilla, porque en esta ocasión era real. Y pensé: hasta aquí has llegado... pues sea, pero aun lucharé hasta el final, no lo pondré fácil. Y me preparé para acurrucarme en la posición que según las últimas teorías más vidas salva en este tipo de acontecimientos.

Las constantes réplicas que ahora vivimos, el estrés psíquico de no saber si va a llegar otro terremoto gordo, o si basta que una réplica fuerte haga más porque el edificio haya quedado debilitado de modo imperceptible, el dormir vestido y en un sillón, cerca de la puerta, con un kit de supervivencia (agua, linterna, móviles, etc...) a mano por si quedas sepultado, el coche aparcado fuera del garaje para que si logras salir de la casa, te sirva de techo, de lugar donde hay algunos útiles, comida y ropa guardados, y sobre todo, de medio de escapar a las colinas por si viene un maremoto como propina... todo eso no son sino anécdotas, a las que me refería en el título de esta publicación.

Solo espero poder seguir compartiéndolas con vosotros.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Tortilla judicial


Siguiendo con los temas menos trascendentes y más "de calle" no puedo dejar de hablar de nuestra justicia (?) laboral, que tan de cerca me ha tocado vivir.

Si un empleado de vuestra empresa robara (y tuviérais pruebas)... ¿lo despediríais?





Incluso sin pruebas como para ganar un juicio (de eso hablaremos luego)... ¿no lo despidiríais?

Me imagino que la respuesta a ambas preguntas es "sí".

No sólo porque el derecho español lo permite (art. 54.2 Estatuto de los Trabajadores "Despido disciplinario:1. El contrato de trabajo podrá extinguirse po decisión del empresario, mediante despido basado en un incumplimiento grave y culpable del trabajador. 2. Se consideran incumplimientos contractuales: (...) d. La transgresión de la buena fe contractual, así como el abuso de confianza en el desempeño del trabajo") sino porque la lógica nos dicta que no podemos permitirnos en la empresa a alguien que nos sisa, y menos si lo descubrimos y no hacemos nada... ¿qué mensaje estamos dando al resto de la plantilla?

Antes de seguir, una pequeña extensión: ese artículo 54 E.T. suele ser desarrollado por los convenios Colectivos, donde se especifican los hechos que llevan a esa transgresión de la buena fe contractual. Aunque parezca obvio que un robo o hurto cae dentro de esa calificación, los empresarios tratan de aquilatar más el lenguaje ante las interpretaciones judiciales de lo más peregrinas, y muchas veces ni con esas se puede "convencer" al ilustre togado de turno de que un robo o hurto es motivo ipso facto de despido (Si el empresario quiere, claro está. Nada dice que no pueda mantenerse magnánimo y no hacer uso de su derecho)

Si tienes pruebas consistentes, consigues quitarte de encima al empleado y sin pagar indemnización (y os aseguro que, por mi experiencia, el término "consistencia" tenéis que asumirlo en un sentido de lo más estricto: debe llegar a voltear un principio de in dubio pro operario que es mal aplicado por la mayoría de nuestros jueces, haciéndolo como si de un principio in dubio pro reo se tratase)

Si sólo teneis pruebas que os llevan a una convicción, despides sabiendo que lo más seguro es que tengas encima que pagarle una indemnización al transgresor... y enfrentarte a un sindicato o comité de empresa que, aun no siendo el empleado uno "de los suyos", dirá que no era para tanto e intentará montarla en más o menos grado (salvo que el despedido sea un "jefe" o "mando"). Si es uno de "los suyos", prepárate para todo tipo de argucias para conseguir que el despido sea nulo (y tengas que readmitir al transgresor) o, al menos, "suba el precio" de la indemnización. (Hay una excepción: si a pesar de ser "uno de los suyos", le están haciendo la cama por sus luchas internas de comité y sindicales, lo dejarán abandonado... o sea, a que coja la indemnización... pero no van a llegar a apoyar el despido procedente ni por esas)

Lo que estoy diciendo en este último párrafo no aplica a los miembros de comité o liberados: esos, como dije en alguna otra entrada al blog, están "blindados" y el despido suele salir nulo o improcedente casi siempre y con el derecho del transgresor de volver a la empresa a seguir con su labor (?) sindical .

Pero vamos a ponerlo más difícil, que parece que es que la justicia retuerce la ley para favorecer al empleado en casos claros... hay casos menos claros en donde "papa Juez" (o mamá, que ya hay muchas, por suerte) corrige al malvado empresario que sólo porque le sisen algo aprovecha para despedir...

¿Y si el empleado ha sisado una tortilla (y unos cuantos batidos)? ¿lo despediríais? ¡Qué fuerte no! Despedir a un padre de familia por una tortillita y cuatro batidos.

Es más claro si hablamos de una cajera de una tienda o restaurante que coge 10 euros de la caja, ¿no? ¿o tampoco?

El valor de la tortilla y los batidos es ese o más.... ¿entonces? ¿uno no y la otra sí? ¿Nos parece que coger dinero es más grave? Parece que para algunos jueces sí (para otros ni siquiera el sisar dinero llega la categoría de "grave y culpable" como para justificar un despido improcedente... y la jurisprudencia anda dando tumbos, intentanto fijar qué cantidad es "grave y culpable" ¡Como si la cantidad tenga algo que ver con la base de la norma: con la transgresión de la buena fe!)

En el caso que nos ocupa (real, uno de los primeros que viví la empresa de la que acabé siendo DRH), el empleado ni siquiera era de restauración, sino que era de mantenimiento, tuvo que forzar una camara figrorífica y huir (porque se le pilló) por la puerta de atrás. Cualquiera que haya estudiado Derecho, y más si ha preparado unas oposiciones para Juez o Fiscal, sabe que, extricto sensu, el caso de aquél que fuerza la cerradura es más grave (esto es, un "robo", para el que hace falta violencia en las personas o fuerza sobre las cosas, y por tanto, más castigado por el Derecho Penal) que el de la cajera que sisa de la caja (un "hurto", menos grave penalmente porque sólo "aprovecha una oportunidad" sin quebrar cosas ni violentar personas)

(Hablo en el ideal de que quien juzgue sí ha entendido lo que leyó y estudió en la carrera y oposiciones, y no se ha limitado a memorizarlo para soltarlo como un papagayo...pero claro, esto es mucho pedir con el sistema de exámenes memorieta de nuestras oposiciones, tema de otra entrada en el blog en breve)

Llegados a este punto, deciros que con 4 testigos que reconocieron al individuo, frente a otros dos sindicalizados (tambièn de Mantenimiento) que le daban cobertura (del tipo: "estaba conmigo a la hora de los hechos poniendo unas bombillas en la otra punta de la empresa"; o... "yo (jardinero) estaba subido a una palmera en la zona del restaurante y no vi salir a nadie por la puerta de atrás a la hora dicha por la empresa"), no fueron suficientes para lograr que su señoría (una jueza) quedara convencida.

¿Cómo desvirtuó esta "buena" jueza las testificales de la empresa? En su sentencia nos vino a decir que uno de los 4 testigos de la empresa habló de que cuando se interceptó al empleado llevaba "una tortilla troceada y 4 batidos" mientras que el resto de testigos hablaban de "tortilla y 4 batidos", por lo que "esa contradicción e inconsistencia en la carga de la prueba de la emprea, unida al principio de in dubio pro operario" ...."nos lleva y debe llevar (nota del autor: me encanta la parte rimbombante del lenguaje judicial, es genial, ¿no creéis?) a declarar el despido como improcedente y bla,bla, bla..."

La pobre mujer (en su papel de "buena" jueza) que no sabía como salvar el culo al "pobrecito empleado", tuvo incluso que apelar a un principio (el de "in dubio pro operario") que no está marcado para este tipo de cosas (sino para interpretaciones de normas o contratos...esto es, no de hechos) y aplicarlo al más puro estilo de las series americanas ("más allá de la duda razonable") Lo tenemos también en España (y es absolutamente necesario, que conste) en el "in dubio pro reo" de nuestro Derecho Penal.

Pero amigos míos, es que Derecho Penal (de carácter público y para temas trascendentales, como es el de los delitos) y Derecho Laboral (de carácter privado, entre las partes, como el Derecho Civil de un contrato de compraventa de un coche, por ejemplo) no son lo mismo. La rigidez del Derecho Penal (necesaria) no es extensible al Derecho Privado por propia definición. Mucha ignorancia (que la tienen muchos leguleyos) o mucha temeridad (para justificar tus decisiones en contra de lo obvio) hace falta para mezclarlos.

Al menos no acogió en su sentencia el argumento del abogado del empleado (pagado por el sindicato): "el hurto famélico" (justifiación en el mundo del Derecho Penal, que exime o bien atenua la responsabilidad cuando un estado de necesidad como es el estar muriendo de hambre te lleva a robar comida) Ese abogado (al que "me enfrenté" en diversas ocasiones) era un tipo muy profesional y baleado en mil batallas. Me reconoció puertas a fuera que usó ese argumento a la desesperada cuando le espeté lo cercano al ridículo que estaba. Sin embargo, ese es el mundo de los abogados cuando tienen que defender lo indefendible. Aun me pregunto cómo la jueza, con su empanadilla mental de Derecho Penal y Derecho Laboral, no acogió también este argumento...por lógica: otra cosilla más del Derecho Penal que le venía de perlas para justificar al empleado...¡menos mal que no lo hizo, porque nos hubiéramos visto abocados a revisar lo que se pagaba todos los técnicos electricista en la empresa para que no se murieran de hambre por culpa de su salario de "sólo" 24mil euros de 2003!

Esa magnánima y comprensiva jueza ("¿como voy a permitir que despidan si un duro a un pobre tipo que ha robado una tortilla?") dormiría tranquila y satisfecha esa noche. Yo estoy convencido de que si tuviese un problema eléctrico en su casa, no dudaría en llamar a nuestro empleado glotón y le dejaría solo en su casa haciendo las chapuzas pertinentes, segura de que no iba a echar en falta nada a su vuelta. También soy de la opinión de que esa jueza nunca echaría de su casa (ergo: despediría) a su chica de la limpieza cuando la sorprendiese sisando unos eurillos o una bisutería. Bueno, todo lo más, si la despidiese le diría: "toma hija, tu indemnización por los años trabajados, que aunque me has robado, te lo tienes ganado, es la ley..."

Perdonad la irónía y el sarcasmo, pero como este caso he vivido varios. La empanada (mejor que tortilla) judicial que tienen algunos jueces (muchos en el ámbito laboral) es preocupante.

Por acabar, y para que no so quedéis cortos de datos: en la empresa estabamos sufriendo esos robos de comida casi a diario (nuestra convicción era que varios de Mantenimiento, aprovechando que tenían llaves para acceder a los locales, se turnaban para sacarse gratis la hora del bocata) La decisión de la dirección de ir a por el despido tenía además el objetivo de cortar de raiz con aquello y lanzar un mensaje. No obstante, sin ese objetivo añadido, se hubiera hecho igual por lo ya expuesto al principio.

La convicción de que eso pasaba nos la corrobora en una conversación "off the record" el liberado sindical que representaba al empleado: "es que habéis ido a pillar al más tonto... le han liado entre el resto para que haga el trabajo sucio". No caigáis en el error de que os caiga majete este liberado sindical por su pequeña confesión a la empresa: es el mismo que fue a mentir al juicio diciendo que estaba subido en una palmera...

La jueza era "jueza sustituta". Esto de por sí no es una justificación, ni un balón de oxígeno para los "jueces de carrera" (como he dicho, casos como este, con esos ínclitos jueces de carrera, he tenido muchos más). Pero el tema de los "jueces sustitutos" es otro que merece la pena abordarse en otra ocasión.

Casualidades de la vida, es mi hora de comer. Estoy dudando entre empanada o tortilla... Estos temas me dejan a-batido.

viernes, 27 de agosto de 2010

Despido "improcedente". Es increible...


Supongo que a todos os habrá pasado alguna vez: cuestionaros sobre la idoneidad de una sentencia o resolución judicial. De si es justa, vamos.
Por supuesto que hay temas más graves que el que abordo en esta publicación pero no olvidemos que si en cosas más triviales (y el perder un trabajo no lo es, como tampoco el que tengas que aguantar a un caradura en tu empresa) la "Justicia" no funciona, no esperemos que lo haga luego en temas más importantes.

En este caso no vamos a hablar ni siquiera de las influencias políticas que hay detrás de ciertas sentencias... ni siquiera. Es algo más mundano pero que a mí en su día, al leer la noticia, me fastidió. Supongo que porque me recordó cuántas veces me he sentado en un juicio laboral con la esperanza de no ir al matadero. Sí, como sabéis la mayoría, yo "era empresa". Eso es sinónimo (en España) de perder 9 de cada 10 juicios (como poco) Si te "enfrentas" a un miembro de Comité o sindicalista, tus oportunidades son prácticamente nulas, aunque entre tus pruebas haya, por ejemplo, fotos del interfecto tomándose copas en horas de supuesto crédito sindical o trabajando durante esas horas en otro sitio (bien como autónomo la mayoría de las veces, bien para un empresario amigo).

Pero centrémonos en el tipo de noticia que me hizo recordar esos sinsabores.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/15/barcelona/1253038726.html

Básicamente viene a indicar que insultar gravemente al jefe no es motivo de despido procedente (a pesar de que es uno de los motivos inequívocos de nuestro Estatuto de Trabajadores) Se agarran nuestros inefables jueces a "la degradación del lenguaje en nuestro tiempo..." y a "la situación en la que estaba el trabajador", etc...

No es un caso de carencia de prueba. Yo viví varios en los que incluso una agresión entre trabajadores no era considerada como suficiente por el juez, a pesar de testimonios en tal sentido de algunos trabajadores, con que uno de ellos dijese que "no fue para tanto"...y basándose en eso, considerara no suficientemente probados los hechos - en una forzada aplicación del principio "in dubio pro reo" de nuestro Derecho Penal, que muchos conoceréis en su versión holywoodiense de "más allá de la duda razonable". Esto sería también objeto de debate por sí solo en otro escrito, porque el principio "in dubio pro operario" de nuestro Derecho Laboral no llega a tal protección, o no debería, aunque mucho Juez se lance a hacer esa aplicación extensiva- .
No, ni siquiera se trata de un supuesto así, en el que más o menos, la resolución final se basa en una falta de prueba. En el caso que nos ocupa, el Tribunal da por probado que el insulto se produjo. Así que ya solo queda una salida para no despedir al "pobre trabajador" que "pierde los nervios": desvirtuar la ley.

¿Cual es el premio de los trabajadores que incluso en circunstancias parecidas no pierden los nervios y no faltan gravemente al respeto? Supongo que les bastará con saber que tienen la libertad de actuar así y no pasará nada. Verdaderamente "pobre trabajador" es el que sin comerlo ni beberlo y cumpliendo fielmente con su trabajo, se encuentra con un despido (aunque le paguen su indemnización) por unas razones económicas, o porque le toque uno de esos muchos jefes déspotas que por ahí andan (lo uso como plural neutro, que incluye, y muy intencionadamente también, a las jefas). Lo que se llama en lenguaje llano "un hijo de puta", que decide despedir a alguien por ... bueno, después de mi experiencia tantos años, sólo puedo concluir que en el fondo es porque son eso, "hijos de puta". (Los psicópatas no tienen motivos, dice la ciencia, para cometer sus atrocidades. Muchos de estos, en el fondo, tampoco)

Pero retomemos el tema, que me he desviado, pido disculpas. Vamos un poco más allá en el caso de que nuestro trabajador insulta gravemente a un jefe (sin que haya insultos o provocaciones adecuadas por parte de este). Analicemos a sus señorías con su sentencia innovadora y progresista. Dicen que es "adecuada al lenguaje de nuestro tiempo" (y a la falta de valores también, supongo otra vez) De verdad que alguno se cree que si ese comportamiento lo sufriese alguno de ellos (magistrados togados) y les llamase "hijo de puta" algún empleado, no querrían despedirlo (Pero es que a los subordinados que tienen, como funcionarios que son, no pueden despedirlos... ¡vaya!. Pero ¿y si pudieran? ¿No lo harían? Al menos no le abrirían un expediente disciplinario e intentarían aplicar el máximo que permita el correspondiente Reglamento para esa falta de respeto). Y ¿no querrían que esa persona que les ha faltado al respeto no se llevase ningún "premio" (léase indemnización) en el proceso?

Por favor, seguidme en otro paso más: nuestros "comprensivos" jueces que "indultan" al insultador... ¿harían lo mismo si en la sala un abogado se lo llama a ellos?

Llegados a este punto, aún habrá quien insista en que un insulto no es bastante para hacer un despido procedente (esto es, sin indemnización). Y ese alguien seguro que si le pasa con su jardinero, su asistenta, etc... no los pone de "patitas en la calle". Seguro. De todos es sabido que el ser humano es muy congruente y aplica para sí lo que propugna para los demás.

Como aun así habrá algún "congruente", que no lo niego, demos por favor otro paso más para ver cómo nuestra Justicia (y algunos jueces, muchos por desgracia en el mundo laboral) sigue dando muestras de un progresismo del que "sentirnos orgullosos"

http://www.laverdad.es/murcia/rc/20100316/sociedad/agredir-jefe-causa-despido-201003161510.html

Espero que esto sea un bulo de internet...que no hayamos llegado en España a esto. Si "agredir al jefe con patadas de kárate" (supongo que sin que haya mediado una actuación similar o amenaza de un daño físico hacia el trabajador como mínimo por parte del jefe) no es motivo de despido procedente... ¿qué lo es?

No obstante no perdáis la esperanza. Siempre queda por ahí algún buen y "justo" juez (y a veces hasta coinciden algunos de este tipo en un tribunal, de modo que incluso un órgano colegiado puede llegar a ser "justo").

O también os invito a pensar que esto no es más que la visión decepcionada de alguien que en su día intentó formar parte del gremio y no lo consiguió ("un resentido"), y que luego, lo sufrió (no solo en lo laboral como empresa, sino también en un asunto importante de materia civil para su familia. Ahí tuve un ejemplo más, instancia tras instancia, de lo que era por parte de los jueces un, como mínimo, "no atreverse" a aplicar la ley y los principios generales del derecho y de los contratos que se estudian en 2º de carrera). O sea que no desesperéis, pues, en definitiva, esta no debe ser más que la visión de "un cliente insatisfecho".

Tengo amigos jueces. Sé de su valía. Eso me da esperanzas. Sólo espero no encontrarme nunca sentencias de este tipo firmadas por uno de ellos.

viernes, 13 de agosto de 2010

¿No sientes que no haces más que correr? Y no quieres parar porque si lo haces...


... si lo haces, tu mente tiene tiempo para pensar. Y pensar, pensar de verdad, ser consciente, es doloroso.

"Todo lo que él quería (el replicante Roy Batty) eran las mismas respuestas que nosotros. ¿De donde vengo? ¿A donde voy? ¿Cuánto tiempo me queda?" (Rick Deckard, agente Blade Runner) de la película "Blade Runner" (de Ridley Scot)

Yo he llegado a un punto en que ya no estoy preocupado por esa última pregunta (al menos, no lo estoy de un modo obsesivo) ¿Cuanto tiempo me queda? Incluso creo que no querría saberlo...creo.

(Y que este tema no sea crucial para mí, a veces me asusta. Pero creo que en el fondo no es sino una evolución saludable de mi mente que ya acepta que voy a morir y que eso es un proceso natural. Sin embargo, eso sería tema de otra publicación y debate)

Lo que veraderamente ronda una y otra vez por mi mente, con más intensidad si cabe en los últimos 2 o 3 años es: "¿A dónde voy?"

No como una pregunta "vital" de esas que todos nos hemos hecho (y algunos todavía hacemos) sobre qué carrera seguir, trabajo o modelo familiar que vivir. Claro que sí que eso forma parte de la pregunta, ¡claro! No estoy queriendo minusvalorarlo. Pero es que la pregunta (y su respuesta, si la hay) va mucho más allá. Porque en definitiva está relacionada con "¿qué coño hago aquí? ¿por qué y para qué vivo? ¿cuál es el sentido de la vida?"

(Y no, por más que he visionado la película de los Monty Python no encuentro la respuesta)

En serio... cuando dejáis "de correr", de atender todos esos asuntos que nos parecen tan importantes en el día a día (trabajo, compromisos sociales, incluso la pareja, los hijos...) y de pensar en las metas que a más o menos largo plazo nos ponemos, cuando todo ese "ruido" desaparece de la cabeza y os quedáis a solas de verdad con vosotros mismos, con vuestra presencia y consciencia... ¿no os hacéis esta pregunta?

Yo no hago más que correr (y los que me conocéis lo podéis aseverar, es más, seguro que más de uno ha pensado que demasiado): salir de copas y fiestas (es raro que diga "no" a un plan), mujeres (es raro que diga el "sí" a una), viajes (cuanto más lejos y exóticos mejor), cambios de profesión (siempre renovando, siempre aprendiendo nuevas cosas, y...estudiando, no paro de estudiar aunque me digo que estoy harto de hacerlo), múltiples actividades (deportes de todo tipo, buceo, vuelo... ¡siempre probando!)... ¡no parar, no parar! No dejar que entre el silencio, que el ruido de fondo se calle, que la consciencia real irrumpa en la mente.

Porque cuando lo hace... hay que enfrentarse al vacío. A la pregunta sin respuesta.

Os dejo con ello, amigos. Me voy a correr.

Creo mi realidad

Retomando este tema, es curioso como ya antes de leer el libro al que me refería en mi anterior publicación, había escuchado ideas parecidas.

Mi hermana mayor me comentó hace algunos años que hay teorías aplicadas en medicina china de cómo el subconsciente del paciente "se provoca" la enfermedad (y por tanto también podría llegar a provocarse la curación, claro)

Centrándonos en el aspecto negativo (otro día hablaremos de las "curaciones milagrosas" de ciertos pacientes con personalidades extremadamente positivas), la teoría va más alla y dice que incluso los accidentes nos los provocamos inconscientemente cuando no queremos hacer alguna cosa o tememos algo.

No estoy hablando sólo de la hipocondria (que daría para un escrito entero a solas) ni de conductas que entran en lo llamado "patológico" (la hipocondria exacerbada entraría de lleno en un conducta así)

Hablo de situaciones más vanales y que nos pasan desapercibidas si no nos paramos a pensar que detrás de todo resultado (sobre todo cuando este tiende a repetirse) hay una causa. (A diferencia del hipocondriaco que la mayoría de las veces sabe que lo es, las situaciones a las que me refiero son ignoradas por nuestra consciencia)

Por ejemplo, ese resfriado que inoportunamente se coge uno antes de un viaje (al que "en el fondo" no había ganas de ir) o esa rotura de hueso que impide nuestra asistencia a un evento que nos tenía preocupados (miedo, nervios o lo que sea y por la razón que sea)

Recuerdo a la novia de un amigo que justo se ponía mala cuando habíamos quedado (ya fuera todas "las parejas" y ella estaba invitada a asistir, ya fuera - más habitualmente - cuando era "quedada solo de amigos" y su pareja iba a asistir) No es que piense que estaba fingiendo, sino que creo que verdaderamente psicosomatizaba lo que abiertamente no se atrevía a decir (ni siquiera delante de ella misma): "no me apetece un carajo que vayas". ¡Y se ponía mala de verás! (Consiguiendo su propósito inconsciente de que no hubiera asistencia a la reunión)

Dicho esto, que quede claro que uno debe mirarse al ombligo y cuestionarse cuándo cae en situaciones parecidas. Yo lo estoy haciendo justo ahora. Aquí estoy con una mano escayolada que me ha impedido hacer un vuelo en solitario (para el que llevaba tiempo preparándome y del que, he de reconocer, no me sentía del todo seguro de ser capaz de manejarlo. Al menos no me sentía que pudiera hacerlo en mis habituales altos niveles de autoexigencia que me impongo)

El "accidente" no ha sido tampoco tal. Era un riesgo intrínseco a una actividad (Rugby) que sabía conscientemente que tenía riesgos. ¿Me llevó mi inconsciente a participar en el partido para provocar una lesión? ¿Me la provocó durante el partido? Esto último es difícil que sea cierto pues no fue una torpeza lo que la provocó, sino la interacción "aguerrida" de un contrario. La lesión surgió directamente de su placaje y no de una mala gestión por mi parte de la caida al suelo (que dicho sea de paso, ni la hubo; no hubo caida y la mano se rompió al quedar apresada entre mi cuerpo y el choque con el pecho del contrario)

Pero retomemos las teorías de "¿Y tu que sabes?" Se podría decir que yo creé incoscientemente esa "negativa" realidad para provocar el resultado deseado por mis temores al vuelo del día siguiente. Alineé los electrones desde mi posición de "observador" de modo que entre las múlitples posibilidades, se fijasen justo del modo en que yo salía lesionado "con lo justo" (lo justo para no volar, pero tampoco demasiado como para fastidiarme del todo) Bien podría ser.

No obstante he de añadir que tuve ayuda en la creación de esa realidad: dos compañeros de vuelo (habituados a jugar a ese deporte) me advirtieron la noche anterior: "Puedes hacerte daño. Puede no pasar nada en 5 años y justo en un día puedes lesionarte, con lo que no podrás volar". Esa misma mañana desde España mi novia me decía "No te hagas daño. ¿Seguro que vas a jugar? Ten cuidado"

Eso, fuera de teorías científicas y nuevas ideas revolucionarias sobre como afrontar la realidad, es lo que el saber popular ancestral ha dado en llamar "pájaros de mal agüero"

Y... vale, lo que yo estoy haciendo ahora mismo se llama "eludir la responsabilidad".

Todo muy humano, en definitiva.